Perspectiva de un Rabino.
por David. L. Abramson (Rabino de la sinagoga B’nei Emet en St. Louis Park, Minnesotta.)
Traducción: Isabel Mardones Rosa

 

Introducción

Tal vez antes todo era más sencillo. Cuando moría un judío, los miembros de la familia sabían lo que tradicionalmente se esperaba que debían hacer. Y si no estaban seguros, le preguntaban a su rabino, y seguían las instrucciones de su rabino-muchas veces, sin cuestionarlas siquiera. Los judíos enterraban a sus muertos en la forma tradicional judía, simplemente porque esa era la costumbre.

Hoy las cosas ya no son tan simples. Seguir el esquema tradicional ya no es la reacción instintiva que solía ser. Hoy, muchos judíos son más asertivos para preguntarse por las razones que existen detrás de esta o aquella tradición. Además, muchos se cuestionan si es que este o aquél requisito realmente es algo que se debe hacer- y empujan de sí la noción de «exigencia», invocando su derecho a desviarse de la tradición.

Una de las tradiciones relacionadas con los funerales judíos y el duelo es la prohibición de la cremación. Muchos preguntan: ¿es que la ley judía realmente prohibe la cremación?. ¿Por qué? ¿Qué tan aplicable es esa prohibición hoy?

El tema se complica cuando pasa más allá de la cuestión teórica: cuando un miembro de la familia indica su deseo de ser cremado después de su muerte. ¿Hasta qué punto -si es que es así- esta prohibición tradicional tiene más peso que la obligación de la familia de honrar el pedido de su ser amado? Esto se transforma en un dilema y una pesadilla para los familiares en duelo, y es igualmente un dilema y una pesadilla para el rabino, cuyo mandato profesional es la paradójica tarea de ser sensible y responder a las necesidades de la gente, pero por otra parte, ser fiel a la letra y el espíritu de la ley judaica y la tradición.

Este artículo está pensado para las diversas categorías de judíos ya mencionados: los judíos que tienen el compromiso de honrar la prohibición judía de la cremación, pero quieren saber las razones para ello; judíos que consideran la idea de la cremación para ellos mismos después de su muerte; y judíos que están debatiéndose con el pedido de cremación de algún miembro de su familia. Es un intento de presentar las bases y el significado de la prohibición judía de la cremación, y mostrar algunas formas en las que un rabino se ha enfrentado a este delicado problema.

¿Por qué la Sepultación?

La sepultación en la tierra es axiomática en la tradición judía. Desde la historia de Abraham que procura un sitio adecuado como lugar de sepultura de su esposa Sara (1), pasando por muchos otros relatos bíblicos, la sepultura en el suelo es el esquema fundamental a través de toda la literatura bíblica y sentó los fundamentos para el judaísmo post-bíblico.

Tal vez es notable destacar que el siguiente resumen de la posición bíblica proviene de la pluma de un rabino reformista, quien escribe a fines del siglo pasado: «La Biblia prueba sin duda alguna que desde el día en el cual Abraham compró la Cueva de Majpelá como sepultura familiar, el entierro fue la única y exclusiva forma de deponer los cuerpos de los difuntos» (2).

Adicionalmente a las narraciones bíblicas que describen el entierro de los muertos, una observación general acerca de la humanidad, que encontramos al comienzo del libro del Génesis, provee otra base para la sepultación: «Pues polvo eres, y al polvo volverás» (3). Una razón para la sepultura en el suelo es vista por nuestra tradición como la única forma de disponer de nuestros restos mortales, ya que nos coloca en sincronía con el «órden cósmico»: venimos de la Naturaleza, y retornamos a la Naturaleza. Esto es cierto tanto en forma simbólica como literal. La Biblia nos dice: «El Señor formó al Hombre [adam] del polvo de la tierra [adamah]». (4) Más allá de la descripción de la Biblia de nuestro origen en la tierra, también es literalmente cierto que venimos de la tierra: las células de nuestro cuerpo se derivan de la comida que ingerimos, toda la cual (directa o indirectamente) se origina en la tierra. La sepultura en la tierra, devolver nuestros cuerpos físicos a la tierra de la cual vinimos, implica dejar que la Naturaleza tome su curso, y existe una enorme profundidad en esto-tanto psicológicamente (en términos de aceptar la muerte) como espiritualmente (en términos de colocar la muerte dentro de su lugar natural en el esquema cósmico de las cosas). Y la tradición judía mantiene que cualquier cosa que interfiera de forma no natural con este proceso-ya sea que lo impida (por ejemplo, al embalsamar), o que lo acelere (por ejemplo, con la cremación)-está prohibido.

Pero también existe una base específica bíblica/halájica para la sepultura en la tierra. En las leyes relacionadas con la pena capital, la Biblia nos dice: «El cuerpo (de un criminal ejecutado) no permanecerá toda la noche en un árbol, sino que ustedes lo habrán de enterrar en el mismo día». (5) En un mundo donde los cuerpos de los criminales ejecutados eran colocados a vista del público y quizás ni se les enterraba siquiera, la Biblia nos manda dar una «sepultura apropiada» incluso para este tipo de criminal.

El Talmud considera esto como la base para exigir la sepultura en la tierra para toda la gente. «¿Dónde está (la obligación de) enterrar que se alude en la Torá? En el versículo, ‘ciertamente habrán de enterrarlo’ «. (6)

Moisés Maimónides aclara que la sepultura es una exigencia para todos los judíos: «Es un mandamiento positivo (7) el de enterrar a los criminales ejecutados en el día de la ejecución; tal como se ha escrito, ‘ustedes lo habrán de enterrar en el mismo día’. Y esta exigencia o requerimiento se aplica no sólo a los criminales ejecutados; sino que toda persona que dilata el entierro de sus deudos viola un mandamiento negativo (8)». (9) Mucho antes que la época de Maimónides, la pena capital hacía mucho tiempo que no era impuesta por la ley judaica. Lo que es halájicamente relevante de este pasaje, entonces, son las dos obligaciones respecto de los judíos muertos: la celeridad de su entierro (10) y la sepultación misma.

En otros lugares, el Talmud insiste en el entierro de los muertos, basado en otro antecedente bíblico-y la noción teológica de la Imitatio Dei, el imitar a D’s. En una discusión acerca de los atributos de misericordia de D’s-y nuestra obligación de emular esos atributos de misericordia (11)-el Talmud dice: «El Santo, bendito sea, enterró a los muertos; ya que está escrito: ‘Y lo (12) enterró en el valle’ (13). De esta forma, nosotros también debemos enterrar a los muertos». (14)

No es sólo la letra de la ley la que argumenta en favor de la sepultura en la tierra (aunque, para los judíos comprometidos con la halajá, la demanda de la halajá por sí misma es un factor determinante). Rabbi Chaim Steinmetz, en el número más reciente de la revista Moment, presenta una serie de razones «simbólicas» para la sepultura en la tierra. «El entierro es considerado como la forma más respetuosa de tratar el cuerpo del difunto», escribe. «El Talmud compara al cuerpo muerto con un rollo de la Torá que ya no es usable… Por respeto, enterramos el rollo que ya no se puede utilizar, y está prohibido quemarlo». (15) Se nos enseña que debemos reverenciar la Torá-no sólo sus enseñanzas, pero también el sefer Torá físico; y no sólo un sefer Torá cuando es usado, sino también cuando ya es inutilizable. Además, nuestra tradición nos enseña a respetar a los seres humanos-no sólo su esencia, pero también sus restos mortales. Quemar un sefer Torá es algo impensable; el entierro en suelo sagrado es la forma correcta de deposición. ¿Cómo podemos demandar menos que eso para un cuerpo humano?

Rabbi Steinmetz cita otra razón simbólica para la sepultura en la tierra, tomada de la pluma de Rabbi Yehiel M. Tuchinski. (16) «Él sostiene que el entierro representa el retorno del cuerpo a la madre tierra, la fuente de toda vida, la proveedora de alimento, y al hacerse uno con ella, el cuerpo de una persona puede hacerse parte de la magia de la tierra como dadora de vida». (17)

Un pensamiento similar tiene eco en una fuente contemporánea y popular, la reciente película de Walt Disney El Rey León, en la cual Mufasa ofrece la siguiente observación a su hijo Simba: «Todo lo que tú ves existe dentro de un conjunto en delicado equilibrio… Cuando morimos, nuestros cuerpos se transforman en el pasto, y los antílopes se comen el pasto. Y de esta forma, estamos todos conectados en el Gran Círculo de la Vida».

Finalmente, Rabbi Steinmetz argumenta que, incluso si la ley judaica no mandara la sepultura en el suelo, como sí lo hace, existe otra consideración a favor de ella: es la forma tradicional judía. «La clara evidencia histórica de que es una costumbre judía muy antigua la de practicar la sepultura en la tierra, y no la cremación, resulta muy significativa, ya que si ni siquiera hubiera una garantía halájica para el entierro, sería una parte muy importante de nuestra religión a nivel del pueblo y de nuestra cultura. Además es el último acto religioso en la vida de toda persona». (18)

¿Por qué no la Cremación?

Hasta este momento, hemos presentado consideraciones a favor de la sepultura en la tierra. Adicionalmente, existe una serie de consideraciones que argumentan en contra de la cremación en particular.

Asociaciones Paganas

La primera es una antigua asociación de la cremación con el paganismo. El Talmud visualiza la cremación como una práctica idolátrica prohibida: «Cualquier muerte que esté acompañada de quemar constituye paganismo». (19)

Como explica Rabbi Maurice Lamm, «Es un acto ofensivo, porque de hecho violenta el espíritu y la letra de la ley judía, que nunca permitió, en el pasado, la antigua práctica pagana de quemar en la pira». (20)

No deberíamos subestimar la relevancia de este elemento anti-pagano en el judaísmo. El hecho de que la religión de Israel (que luego evolucionaría hacia lo que ahora llamamos judaísmo) fue, ante todo, una religión revolucionaria contra el paganismo del Antiguo Medio Oriente, es algo que resulta evidente a los estudiosos de la Biblia y del judaísmo antiguo. El hecho que la Biblia polemiza en contra del paganismo del Antiguo Medio Oriente también es muy claro. (21) Uno incluso puede llegar a decir que la refutación del paganismo-junto con la proclamación del monoteísmo- fue la razón de ser original del judaísmo.

Muchos de nosotros, al estudiar la Biblia, incluso al aprendernos la porción semanal de la Torá en la sinagoga, apreciamos y aplaudimos la continua polémica antipagana de la Biblia. Además, numerosas prácticas fueron prohibidas por la ley bíblica por su asociación con el paganismo-y muchas siguen estando prohibidas de acuerdo a la ley judía contemporánea.

¿Pero resulta apropiado decir: «es muy bonito poder apreciar la postura antipagana en la Biblia-pero eso no tiene ninguna relevancia para mi vida»?. ¡Ciertamente no! Si el antipaganismo fue cientral en el judaísmo antiguo, el mantener esa postura antipagana-a favor del monoteísmo-igualmente debería ser central en nuestras preocupaciones judías.

Desecración

Un segundo argumento muy fuerte en contra de la cremación es que se trata fundamentalmente de desecrar el cuerpo humano. No deberíamos usar la palabra «desecrar» en forma leve: significa negar la santidad de algo que es sagrado. El cuerpo humano es un objeto sagrado. Y es especialmente santo ya que es el repositorio de nuestras almas, y el judaísmo es muy preciso acerca de lo que se puede y no se puede hacer con nuestros cuerpos-en términos de cuidar la salud (22), mantener la santidad del comer (23), e incluso mantener la santidad de nuestras relaciones sexuales (24).

Pero la santidad del cuerpo humano no termina con el momento de la muerte. Un cadáver es igualmente santo, y la ley judía manda que cualquier manipulación con el cuerpo anula ese carácter sagrado, y por lo tanto, está prohibida. (25)

Existe una significativa base teológica para la prohibición de cremar. Rabbi Elliot N. Dorff escribe: «La prohibición deriva de un concepto clave en el judaísmo: el hecho de que D’s es el dueño de nuestros cuerpos y que, por lo tanto, debemos honrarlos tanto en la muerte como en la vida. Cremar sería destruir propiedad que no está en nuestras manos destruir». (26)

Si los argumentos judíos tradicionales en contra de la cremación han sido influyentes por milenios -y creo que así ha sido-, creo que un argumento aún más convincente surge de la asociación contemporánea de la cremación con el Holocausto. (27) Como un colega rabino decía con frecuencia, «Tenemos suficientes cuerpos judíos que han sido quemados en este siglo; no necesitamos agregar más a esa cifra». O como escribe Rabbi Dorff, «en un plano más emocional… en la generación después del Holocausto encuentro que es difícil sentir empatía con aquellos que harían con los cuerpos de sus seres queridos lo que los Nazis hicieron a nuestro pueblo». (28)

Negación de la Muerte

Otro argumento influyente contra la cremación es que, en mi opinión, forma parte de la tradición norteamericana de negar la muerte. La nuestra es una cultura que niega la muerte y niega el dolor. Nos escondemos detrás de eufemismos («ha desaparecido de entre nosotros», «he has passed away»). Tratamos de escudarnos de la realidad de la muerte, de «suavizar» esa realidad, con flores en los cementerios y el entierro real fuera de la vista de los deudos. La socialización norteamericana nos dice que hacer muestra pública del sufrimiento es inapropiado. Y la cremación-favorecida por algunos, ostensiblemente para evitar el espectro de tan mal gusto de la descomposición física-es parte de la cultura norteamericana de negación de la muerte.

El enfoque judío tradicional frente a la muerte y al duelo enfrenta cara a cara esta tradición norteamericana de negar la muerte y el dolor, porque esta última postura es psicológicamente poco honesta, y también es deshonesta desde el punto de vista espiritual. La muerte es una parte inevitable de la vida. La muerte no implica solamente la desaparición de nuestros seres queridos de nuestras vidas; también conlleva la muerte del cuerpo: la cesación de las funciones biológicas, seguida por la descomposición de la materia.

¿Es acaso hermosa esa descomposición? Ciertamente no lo es. ¿Es cruel? Sin duda alguna. Piense acerca de las macabras cancioncillas sobre esqueletos, gusanos, etc., que aprendimos en la escuela primaria. Pero recuerde también lo que dice Pirkei Avot: «¿Dónde irás? A un lugar de polvo, gusanos y larvas». (29) El propósito de esta aseveración no es «asustarnos». Más bien pretende recordarnos nuestra mortalidad, y la imperiosa necesidad que hagamos algo significativo con nuestras vidas, debido a esa mortalidad. Pero tal vez Rabbi Akavya ben Mahalel escogió este lenguaje tan gráfico para recordarnos que no es sólo en la limitación temporal de nuestras vidas está el plan de D’s; también lo es la descomposición natural de nuestros cuerpos después de la muerte.

Es natural. Es el proceder de la Naturaleza. No necesitamos extendernos sobre los aspectos deleznables ni estéticamente desagradables-¡porque no vamos a ver eso!. La sepultura en la tierra significa devolver los restos mortales de nuestros seres queridos a la Naturaleza, y una vez que se concreta ese retorno, el asunto queda fuera de nuestras manos, y debería estar asimismo fuera de nuestros pensamientos.

La cremación es la desecración de un cuerpo humano. Para realizar esa desecración-y al proceder así, al robar a la Naturaleza de su prerrogativa a reclamar nuestros restos mortales-es indefendible.

Negar a los Deudos una Tumba

Existe un elemento de egoísmo (tal vez es un egoísmo inadvertido, pero no por ello deja de serlo) en el pedido de una cremación, ya que la mayoría de los que son cremados no son enterrados en un cementerio. (30) Al solicitar (o insistir en) una cremación después de la muerte uno le niega a sus deudos un elemento muy importante en el proceso de duelo: un lugar de recuerdo que se puede visitar.

Visitar una tumba es tremendamente importante. Ya sea que se visite con frecuencia o no, ofrece a los deudos un lugar donde recordar, donde elaborar sentimientos, donde poder avanzar en un proceso de duelo. Aquellos que carecen de una tumba visitable saben lo perjudicial que esta privación puede ser para el proceso de duelo y de sanación. El peso que sienten los sobrevivientes del Holocausto muchas veces se hace mayor porque saben que sus seres queridos no tienen una tumba-y es doloroso que a sus familiares se les haya negado la dignidad de un funeral tradicional, mientras que a ellos, los sobrevivientes, les falta esa tumba específica que es tan importante.

En mi rol de rabino he descubierto que cuando ocasionalmente debo convencer a alguien que cambie de opinión acerca de la solicitud de ser cremado, el argumento más convincente no es necesariamente ninguno de los citados anteriormente, sino más bien: «Hágalo por sus familiares y deudos. No les niegue algo que necesitarán desesperadamente cuando usted ya no esté».

SIDA: ¿Un Caso Único?

Se ha sugerido que la muerte por SIDA presenta circunstancias especiales frente a la cremación. ¿Es acaso que la proporción de pacientes con SIDA que desean ser cremados es mayor que otras categorías de personas que piden la cremación? Tal vez sea el caso. Y de ser así, es comprensible. El SIDA a menudo conlleva una de las muertes más dolorosas, debilitantes y más horribles que se puedan imaginar. Muchos pacientes de SIDA terminan por detestar su cuerpo y dicen: «mi cuerpo me ha traicionado», como han contado muchos de ellos. Al haber tenido que soportar todo el sufrimiento y la indignidad que el SIDA le impone al cuerpo, muchos pacientes de SIDA pueden sentir que una vez que llega la muerte, lo mejor que pueden hacer con sus maltrechos cuerpos es quemarlos hasta la cenizas.

Mientras la mayoría de nosotros reconoce que el SIDA no es exclusivamente una enfermedad de hombres homosexuales, esta enfermedad todavía cobra entre sus víctimas a una proporción muy alta de jóvenes homosexuales. Para muchos de ellos, el deterioro de sus cuerpos les despierta un inusual narcisismo, que según me han dicho, es una característica de la experiencia de vida de los jóvenes homosexuales. Tal vez en esta cultura, que valora especialmente el atractivo físico, se hace aún más insultante el cuerpo deteriorado y poco atractivo en que se ha convertido-y refuerza su deseo cada vez más intenso de que ese cuerpo sea cremado después de morir.

Pero incluso si tratamos de empatizar con el horror de un muribundo con SIDA, y aunque tratemos de entender su interés particular en llegar a ser cremado, debemos decir que los argumentos contra la cremación y a favor de la sepultura en tierra incluso superan estos desgarradores sentimientos.

Por un lado y para decirlo lo más directamente posible, el SIDA no tiene el monopolio en el sufrimiento, debilitamiento o desfiguración. Por desgracia, muchas enfermedades fatales conllevan su propia gama de horrores. «Mi cuerpo me ha traicionado» es una exclamación que he oído de enfermos de SIDA jóvenes, y también de una variada gama de personas, de distintas edades, que están pasando por estados de salud muy debilitadores. De hecho, incluso las condiciones «normales» de envejecer nos imponen circunstancias faltas de atractivo y funcionalidad. Pero de cara a nuestra cultura contemporánea-que valora la «belleza» por sobre la «fealdad», el «buen estado físico» por sobre lo «inadecuado»; y lo «joven» por sobre lo «viejo»-el judaísmo plantea que los verdaderos valores no se encuentran en las cualidades efímeras. En cuanto al narcisismo del cuerpo que puede ser particularmente central en la cultura de los hombres jóvenes homosexuales, el legado de la tradición judía frente al cuerpo nos urgiría a no amarrarnos a ese narcisismo, sin importar las derivaciones culturales.

Por último, debemos decir que desear algo, querer algo, tener sentimientos potentes acerca de poseer algo, no son, por sí mismos, suficientes argumentos para abrogar la halajá. La cremación está explícitamente prohibida tanto por la letra como el espíritu de la ley judaica. La cremación es una desecración, y la prohibición de cremar-basada en todas las razones ya explicadas-tiene más peso incluso que la intensidad con que algunas personas se colocan a favor de ella.

Qué Hacer

¿Qué haremos entonces cuando un miembro de la familia desea ser cremado después de su muerte? Si respetamos la prohibición tradicional judía de la cremación, me parece que nos quedan dos opciones: convencer a nuestro ser querido que cambie de opinión, en lo posible antes de que ocurra su muerte; o bien, no considerar la petición de nuestro ser querido luego de ocurrido su fallecimiento.

Una vez un miembro de mi congregación se me acercó con un dilema doloroso: Su madre, que a esas alturas había caído en las profundidesd del olvido por el mal de Alzheimer, previamente había expresado su deseo de ser cremada después de morir. Mi feligrés no podía verse a sí mismo cumpliendo con esta petición (31), y sin embargo, ¿cómo podría desobedecer a su madre?.

Después de discutir con él algunas de las razones tradicionales para prohibir la cremación, le pregunté por qué su madre habría hecho esa petición. Tal vez no estaba consciente de las razones tradicionales para que sea prohibido. Tal vez se sentía en conflicto con la tradición judía y simplemente no quería hacer la concesión de la halajá en este punto. Tal vez habían otras razones que nunca llegaríamos a conocer.

Pero, ¿qué habría ocurrido, le pregunté, si no tuviera el mal de Alzheimer?. ¿Qué pasaría si ahora fuese capaz de llevar una conversación razonable con su hijo? Tal vez, si no fuera por el avance de la enfermedad, ahora él incluso podría tratar de hacerla cambiar de opinión. Tal vez él podría convencerla en base a alguna de las razones expuestas más arriba; tal vez lograría hacerla entrar en razón simplemente por la fuerza de los sentimientos de su hijo al respecto. Quizás.

Fue en base a ese chispazo de esperanza -la idea de lo que podría haber sido, si no fuera por la aparición de la enfermedad-que el miembro de mi congregación hizo las paces con la idea de desobedecer el pedido de su madre. Cuando llegara a morir, en unos meses o en años, él daría a su madre una sepultura tradicional judía, a pesar de su pedido anterior, porque sintió que era lo más apropiado y porque -¿quién sabe?-ella tal vez le habría dado su consentimiento.

Algunos años después, me tocó vivir la muerte de una madre joven de mi congregación. Fue una situación particularmente difícil para mí como rabino, porque yo había compartido muchas experiencias con ella y su familia y la quería mucho a ella, a su marido y sus dos hijos adolescentes. La situación se convirtió en un verdadero desafío, ya que ella deseaba ser cremada después de su muerte.

Aunque lo habíamos discutido con ella y su familia varias veces, y aunque quisiera pensar que tal vez habría logrado convencerla si hubiera tenido más tiempo, la escena final de su enfermedad terminal hizo que esto fuera imposible. En sus últimos días, mis visitas para atender las necesidades de un miembro de mi comunidad a punto de morir y de su familia incluyó el intento de sensiblemente convencer al marido de otorgar a su esposa un entierro judío apropiado. (Aunque nunca se lo dije a él, también estaba tratando de hacerlo por mí: Desesperadamente deseaba ser capaz de oficiar en su funeral, pero en ausencia de una sepultación tradicional no iba a ser posible (32) ). El marido se dejó convencer rápida y fácilmente-probablemente por su compromiso con la tradición judía y tal vez porque sintió que se lo debía a sus hijos y a sí mismo.

En el día de su funeral, me sentí contento por haberme esforzado en convencer al marido. Sobre una base puramente egoísta, estaba contento de poder conducir su funeral; fue uno de los más difíciles, pero a la vez, una de las experiencias más importantes de mi carrera. En su sinagoga, se hizo el duelo y fue honrada por su comunidad; luego fue enterrada, con dignidad y simpleza, en el cementerio de su sinagoga. Y un año después, cuando pude estar con su marido y sus hijos en la colocación de su lápida, fui el más convencido de que se había hecho lo correcto, y vi lo importante que su tumba resultaba para su familia.

¿Cómo Podemos Rechazar los
Deseos de Nuestros Seres Queridos?

Una cosa es entender la importancia del entierro tradicional judío y las razones para prohibir la cremación. Pero, ¿cómo podemos dejar de lado los deseos de nuestros seres queridos al morir?. Después de todo, el Talmud nos dice: «Es una mitzvá cumplir los deseos de una persona que fallece» (33).

Por otra parte, el Talmud discute específicamente la cuestión de una persona que solicita no ser enterrada después de su muerte-y concluye que un pedido así no debe ser respetado. La discusión del Talmud sobre este punto comienza al preguntarse cuál es la base para la exigencia de la sepultura: «¿Es el entierro una forma de esquivar la desgracia o una forma de expiación?». (35) ¿Cuál es la diferencia práctica? (36) Si un hombre dice, ‘No deseo ser enterrado’. Si se dice que es para prevenir la desgracia, entonces no depende enteramente de él. (37)…». (38)

Fuera de esta halajá específica, debemos agregar los siguientes puntos escenciales: Primero, no todos los pedidos que un ser querido nos plantea deben ser obedecidos categóricamente. La gente expone todo tipo de deseos y nos demanda cosas, y algunas veces legítimamente no coincidimos con ellos y legítimamente los desobedecemos. Segundo, no todas las peticiones que nos plantea un ser querido, relacionadas con su muerte inminente, deben ser obedecidas en forma categórica. Aunque el trasfondo emocional sea muy fuerte, tenemos un derecho, cuando no estamos de acuerdo con un pedido relacionado con la muerte, a desobedecer tal solicitud ilegítima.

De hecho, podemos argumentar que tenemos la obligación de descartar tal solicitud cuando implica la violación de la ley judaica. A pesar de que el libre albedrío nos concede la capacidad de descartar o abrogar la ley judaica, un judío no tiene el derecho, de acuerdo a la misma ley, a obligar a otro judío a violar la halajá.

Pero, ¿qué sucede si este pedido de cremación proviene de uno de nuestros padres?. ¿Acaso la obligación de «honrar a padre y madre» (39) no supera a otras consideraciones? La respuesta simple a esta pregunta es «no». La obligación de honrar a padre y madre no incluye la obligación de obedecer un pedido o demanda si tal obediencia constituye una violación de la halajá. «Si un conflicto se desata entre los deseos de los padres y la halajá, el hijo debe seguir a la autoridad superior, D’s, a quien tanto padres como hijos están ligados por respeto». (40) Y si la insistencia de un padre o una madre acerca de la cremación debe ser desobedecida, entonces más aún rige para los deseos de otros seres queridos.

Me han consultado en diversas ocasiones: «¿Qué haría usted si un miembro de su propia familia insistiera en ser cremado?». Una cosa es invocar una postura como rabino, y otra cosa es ponerla en práctica con un miembro de la propia familia, en una situación no teórica. ¿Qué haría yo si uno de mis padres, o mi esposa, o uno de mis hijos insistiera en ser cremado? Aunque tal escenario es muy improbable (dado que creo improbable un pedido de esta naturaleza en alguno de mis parientes cercanos), ¿lo desobedecería?. Sin un segundo de duda.

¿Qué Debería Hacer el Rabino?

Los miembros de una familia tienen que tomar decisiones, y los rabinos deben tomar decisiones; y cada uno debe vivir con las implicancias de esas opciones. A veces, a pesar de nuestros intentos más persuasivos, las familias sí hacen los preparativos para la cremación de un ser querido. ¿Cómo debe responder el rabino en esas circunstancias? ¿Debe un rabino oficiar en un funeral que incluye una cremación? ¿Debe permitir que los restos cremados sean enterrados en el cementerio de una sinagoga? ¿Debe el rabino estimular a la familia a observar los ritos de un duelo judío tradicional? Existe una serie de respuestas entre los rabinos.

La posición más estricta la presenta Rabbi Maurice Lamm: «La ley judía no exige ningún duelo para los cremados. No se observa la Shiva y no se recita el Kaddish por ellos. La tradición considera que aquellos que son cremados han abandonado, inalterablemente, toda la ley judaica y, por ende, han renunciado a su derecho a ser honrados en forma póstuma». (41)

Rabbi Lamm no nos provee con referencias de la literatura halájica clásica acerca de esta posición, por lo que resulta difícil juzgar la base halájica de su aseveración. Sin embargo, existe todo tipo de ‘aveirot (42), violaciones de la ley judía que nuestros seres queridos pueden cometer en vida, y honramos su memoria a pesar de sus ‘aveirot. Aunque me cueste disentir de un rabino con la estatura de Maurice Lamm, me parece que esta posición es inusualmente dura e insostenible.

Una segunda posición es la de abstenerse de oficiar en tal funeral y de prohibir el entierro de los restos cremados en un cementerio de sinagoga. Rabbi Isaak Klein escribe: «Un gran número de autoridades prohibe el entierro de cenizas en un cementerio judío porque esto podría estimular la práctica de la cremación (ver Duda’ei Hasadeh, sec. 16; Mahazeh Avraham, vol. 2, Y.D. 38; y Lerner, Hayyei Olam)». (43) Esta postura escencialmente dice: No podemos prevenirlos por la fuerza de violar esta importante halajá, pero no nos haremos parte de esta violación.

Existe una sólida base en la halajá para esta posición: es un principio halájico conocido como «lifnei ‘iveir». Basado en la mitzvá del Levítico, «No colocarás un bloque ante el ciego», (44) «lifnei ‘iveir» clásicamente es aplicado por los rabinos mucho más allá de colocar físicamente un bloque ante las personas que literalmente no pueden ver. Su aplicación clásica prohibe engañar a cualquier persona, o facilitar su ‘aveirah (45), o hacerse parte de su ‘aveirah. (46)

La preocupación de Rabbi Klein acerca del entierro de restos cremados es válido respecto a dos componentes del «lifnei ‘iveir»: tanto por hacerse parte en la ‘aveirah de alguien, como por llevar a futuros ‘aveirot. Si se sostiene que la cremación es una ‘aveirah, una violación de la ley judía, entonces el hecho de permitir el entierro de los restos cremados puede considerarse como hacerse parte de esa ‘aveirah. Y si se está convencido que permitir el entierro de los restos cremados en un cementerios judío estimularía más cremaciones en el futuro, «lifnei ‘iveir» argumentaría en contra de tal autorización.

Una tercera posición rabínica sería la de permitir el entierro de los restos cremados en un cementerio judío. Cuando el asunto fue considerado por la comunidad judía de Londres a fines del siglo pasado, el Gran Rabino escribió: «Nosotros suscribimos la opinión enunciada por mi venerado Predecesor de que no existe precepto alguno que prohiba sepultar en un cementerio judío las cenizas de una persona que ya ha sido cremada, una opinión apoyada por otros rabinos eminentes incluidos el Gran Rabino de Kovno (Rabbi Elchanan Spector, 1817-1896). De acuerdo a ello permitimos tal sepultura. Al mismo tiempo, rogamos seriamente a usted y los miembros de la comunidad a no considerar este permiso como una aprobación de la práctica de la cremación. Ardientemente esperamos que ningún hermano o hermana en la fé haga alguna disposión testamentaria similar, involucrando, como de hecho lo hace, una grave infracción de la ley judaica». (47) Note en estas palabras que, pese a que el Gran Rabino permitió la sepultura de restos cremados, estaba muy preocupado acerca de los efectos que su decisión pudiera tener en estimular cremaciones futuras. Si eso era una preocupación en la década de 1890, es una precupación mucho más significativa ahora, más de un siglo después. (48)

En el Movimiento Conservador, se hace referencia a la preocupación del «lifnei ‘iveir» respecto de la cremación. «El Comité Legal de la Asamblea Rabínica ha normado que la cremación no está permitida. Cuando es realizada por la familia sin considerar la práctica judía… las cenizas pueden ser enterradas en un cementerio judío y se pueden decir las oraciones apropiadas, pero no por un rabino, para evitar que su participación sea interpretada como una aprobación». (49) Note que en la posición del Comité Legal, se aconseja (50) a los rabinos que pueden ser meikil (tolerantes) en la cuestión de enterrar restos cremados, pero se les urge a ser nahmir (estrictos) en la cuestión de oficiar en un funeral. Este es otro punto diferente dentro del espectro con respecto a la posición citada inmediatemente arriba, pero también lucha con la pregunta de aplicar «lifnei ‘iveir» a una cuestión muy compleja.

La posición rabínica final es la de permitir la sepultura de restos cremados en un cementerio judío y que el rabino oficie en un funeral y/o sepultura. A veces esto es realizado luego de intentar disuadir a la familia acerca de la cremación, aunque sin éxito; a veces se hace en ausencia de intentos de disuasión. (51) Esta posición más liberal, sin duda motivada por la compasión hacia la familia en duelo, es probablemente la seguida por una minoría de los rabinos conservadores.

La mayor parte de los rabinos conservadores probablemente adoptan una de las posturas precedentes, y no es necesario decir que, incluso cuando un rabino no logra permitir la sepultura de restos cremados y/u oficiar en el funeral o entierro, se hacen los intentos por manejar con compasión las necesidades de la familia (52) y el proceso del duelo. (53)

La Letra de la Ley y el Espíritu de la Ley

Una de las cargas del rabinato es la responsabilidad de determinar la posición de la ley judía y de la tradición en muchas áreas diferentes-a menudo para proveer una respuesta del tipo «sí» o «no». En el mundo estereotipado del shtetl, la mayor parte de las preguntas llevaban menor carga emocional: «Sí, este pollo es kosher», o «No, este pollo no es kosher».

La paradoja del rabinato es que servimos a dos amos: los deseos y necesidades de nuestra congregación, por una parte; y por otra, las demandas de la ley judaica y la tradición. Y en este sentido, luchamos con múltiples paradojas sobre paradojas: diferenciando acerca de los deseos de la congregación y sus necesidades legítimas, y diferenciando entre lo que percibimos como la letra y el espíritu de la halajá en determinada instancia.

Abundan las áreas grises en los juicios que estamos llamados a hacer, y como resultado de ello en muchas de las respuestas tipo «sí» o «no» que se nos solicita dar-en áreas como Shabbat o en observancia de kashrut, estándares de bar/bat mitzvah, estatus de judío/no judío, rituales de matrimonio, requisitos de conversión y muchas áreas más-ocasionalmente alguien quedará desilusionado o muy enojado.

Pero sería equivocado decir que cada decisión rabínica que es meikil (tolerante) es compasiva, mientras que cada decisión que es mahmir (estricta) es poco compasiva; que cada «sí» es una decisión sabia y sensitiva, mientras que a cada «no» le falta sabiduría y sensibilidad. Las decisiones halájicas son más complicadas que eso, y el rabinato es algo más complejo que eso.

Como me dijo tiempo atrás un colega rabino (reformista), «somos los guardianes del portal», y sin duda que lo somos. Nuestro desafío como rabinos es mantener la tradición judía al mismo tiempo que buscamos transmitirla, es resistir a los vientos de cambio mientras buscamos formas creativas de responder a situaciones nuevas y a nuevas preguntas. A menudo es un acto de equilibrio que raya en la locura, y tal vez esa es la palabra clave: equlibrio: «…La forma en que respondemos ante la tradición y la aplicamos a circunstancias actuales debe ser un equilibrio de compasión tanto con la ley y la teología», escribe Rabbi Dorff. «Sólo si integramos la ley tal como ha llegado hasta nosotros con las perspectivas teológicas que la sostienen y con empatía hacia los seres humanos involucrados, sólo entonces lograremos una decisión decente-decente tanto en el sentido de que auténticamente expresa lo mejor de la tradición, y decente en el sentido de que es moral y humanamente apropiada». (54)

La lucha con esta paradoja no es sólo el destino del rabino contemporáneo: también es el desafío del judío contemporáneo comprometido con la halajá. Desde el punto de vista positivo, es una tensión saludable y creativa-aunque no siempre sea fácil. Pero ese es el desafío de ser un judío comprometido en el mundo moderno, de mantener la fidelidad a una tradición que es antigua y contemporánea, temporal y atemporal. Como escribe Blu Greenberg: «Por supuesto, existen conflictos al ser un ciudadano del mundo y miembro de una comunidad del pacto, conflictos en abrazar los valores universales y particulares casi en forma simultánea. Pero las tensiones son bastante soportables y los impasse generalmente son negociables». (55)